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La pantalla es la nueva vía de contacto, chats en videojuegos online
Imagen generada con Inteligencia Artificial.
Los videojuegos en línea se han popularizado enormemente entre nuestros menores, pudiendo ser un espacio de juego creativo y social, pero, sin supervisión adulta, concentran riesgos elevados en términos de contacto con adultos desconocidos, uso de datos personales, suplantaciones de identidad y salud mental. Un enfoque de acompañamiento digital y no de mera prohibición resulta clave para gestionar estos riesgos.
La pantalla es la nueva vía de contacto.
La pantalla se ha convertido en una nueva vía de contacto de menores con adultos a una edad temprana. Si resulta impensable dejar a una persona menor de 10 años sola en un centro comercial para que interactúe con cualquiera, conviene preguntarse qué diferencia real existe respecto a un juego donde se puede hablar con desconocidos, entrar en partidas personalizadas o comprar en línea sin filtros.
En las más populares plataformas de juego en línea, el componente social es tan relevante como el puramente lúdico. Se chatea, se comercia, se crean comunidades y se participa en eventos masivos. Esto implica que el videojuego deja de ser un entorno cerrado y pasa a funcionar como una auténtica red social, pero sin la misma percepción de riesgo por parte de la infancia y de muchas familias. Algunos de los juegos más populares, usan personajes divertidos y coloridos, que, en ocasiones, hacen bajar la guardia a las familias, pensando que es una diversión inocente.
Desde la perspectiva de la protección de datos y de la seguridad digital, el tratamiento de datos personales de los y las menores para servicios de la sociedad de la información exige especial cuidado, tanto por el marco normativo del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) como por la Ley Orgánica de Protección de Datos y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD), que fijan una protección reforzada para la infancia y exigen consentimiento parental por debajo de los 14 años en España.
Muchos de estos juegos, tienen unas políticas de verificación bastante permisivas y unos controles de seguridad que se han demostrado ineficientes. Basta en ocasiones con pedirle un selfie a un chico mayor o contestar a una sencilla pregunta como ¿Cuál es tu fecha de nacimiento? Con las nuevas opciones de inteligencia artificial disponibles, saltarse estos controles puede ser cuestión de segundos.
Chat, grooming y acoso.
Los sistemas de chat de estas plataformas, si no se configura de manera rigurosa, permiten el contacto directo vía texto y voz entre jugadores desconocidos, lo que se considera inadecuado o de alto riesgo cuando participan los y las menores. En estos espacios se han documentado prácticas de grooming (adultos que fingen ser menores para ganarse la confianza de la infancia), peticiones de datos personales, sextorsión y conductas de acoso reiterado entre iguales.
Hay juegos que requieren un alto nivel de concentración, hacer preguntas a un menor en esas condiciones, equivale en ocasiones a dar respuestas casi en automático, provocando que el menor revele mucha información personal.
Los pediatras y organizaciones profesionales han alertado que, en determinados chats de los juegos más populares se detectan mensajes de incitación a autolesiones, contenidos sexuales explícitos y violentos. Esto puede provocar cambios bruscos de conducta en la infancia, con un impacto directo en su salud mental y emocional. Este riesgo se agrava cuando los chats no están limitados a contactos conocidos y cuando la configuración de privacidad se mantiene en valores “por defecto” permisivos, lo que incrementa de facto la exposición a depredadores sexuales y ciberacosadores, puede ser de interés esta Nota de prensa conjunta CPS-AEP y SEMA.
Recomendaciones clave en el uso del chat.
La primera recomendación para padres debería ser jugar con los hijos, que la experiencia no sea en solitario, pero, además, debe prestarse mucha atención a los siguientes puntos:
Configurar los permisos de chat de voz y texto para limitar las comunicaciones a amistades conocidas o directamente desactivar estas funciones cuando el menor no pueda gestionarlas de forma autónoma.
Establecer reglas claras sobre no compartir fotos, vídeos o datos personales en ningún chat de juego, explicando ejemplos concretos de cómo pueden ser utilizados para chantaje o localización física.
Prestar mucha atención si el menor recibe regalos en el juego por parte de algún usuario, estos regalos suelen tener coste económico y son la vía de entrada más común a peticiones posteriores. Se realizan para ganar la confianza de los niños, que tras los regalos se sienten obligados a contentar a su benefactor.
Más allá del nombre de usuario.
Aunque muchas familias piensan que en estos entornos solo se usan alias o nombres de usuario, en la práctica se recaban y tratan numerosas categorías de datos. Por ejemplo, identificadores en línea, datos de contacto asociados a cuentas de plataformas, información de pago, metadatos de uso, geolocalización aproximada y datos inferidos sobre hábitos de juego.
Estos tratamientos de datos exigen una base jurídica clara, transparencia reforzada y un diseño del servicio que incorpore protección de datos desde el diseño y por defecto, minimizando datos y limitando la exposición de perfiles de los y las menores. El uso de estos datos para perfilado comercial o la combinación con otros servicios puede derivar en discriminación algorítmica, pérdida de control sobre la huella digital y riesgos de usurpación de identidad, considerados escenarios de impacto muy elevado en la evaluación de riesgos sobre derechos y libertades.
Buenas prácticas recomendadas para padres y tutores.
Abrir las cuentas de juego bajo supervisión parental, configurando detalladamente los permisos otorgados al menor.
Esto incluye revisar políticas de privacidad y paneles de configuración de cada servicio, reduciendo al mínimo la visibilidad de la cuenta y el intercambio de datos con terceros o con otras plataformas. Se tiende a hacer scroll y aceptar todo, en muchos casos porque estos juegos usan largas políticas que generan fatiga informativa, usando además un lenguaje que está muy poco adaptado al público objetivo.
Suplantaciones, estafas y economía del juego.
Las dinámicas de juego de plataformas, basadas en monedas virtuales y compras dentro del juego, han venido asociadas a un incremento de estafas, suplantaciones y robos de cuentas que afectan especialmente a los y las menores. Se han documentado esquemas de engaño en los que se promete moneda virtual o ventajas en la partida a cambio de credenciales, datos personales o acciones que comprometen la cuenta, con posterior apropiación de perfiles y contactos.
Medidas para prevenir suplantaciones.
Activar medidas de seguridad avanzadas (autenticación en dos pasos, códigos de seguridad, avisos de inicio de sesión) en las cuentas de juego y en los correos electrónicos asociados.
Es conveniente explicar al menor que ninguna empresa legítima solicitará la contraseña por chat o por canales informales, y que compartirla con amistades también supone un peligro muy importante.
Es esencial monitorizar los movimientos económicos de las cuentas asociadas (compras de skins, monedas virtuales) e informar de inmediato al proveedor y, en su caso, a las autoridades cuando se detecten cargos inadecuados.
Salud mental, adicción y bienestar digital.
Las plataformas de juego online suelen incorporar sistemas de recompensas (niveles, logros, cajas de botín, eventos temporales) que, según especialistas en sociología y psicología, refuerzan patrones de uso compulsivo en la infancia y dificultan el autocontrol del tiempo de juego. En estudios recientes se asocian estas dinámicas con trastornos del sueño, irritabilidad, descenso del rendimiento académico, aislamiento social fuera de la pantalla y mayor vulnerabilidad frente al ciberacoso, especialmente cuando el videojuego constituye el principal espacio de socialización.
Alertas recientes de sociedades pediátricas ponen el foco en que, en ciertos entornos de estos juegos se han observado conversaciones que promueven autolesiones, conductas alimentarias desordenadas y normalización de la violencia sexual, lo que puede actuar como factor desencadenante o amplificador de problemas de salud mental preexistentes.
Claves de acompañamiento para la salud mental.
Ubicar los dispositivos de juego en espacios comunes del hogar y no en la habitación del menor, favoreciendo un uso supervisado pero respetuoso de su intimidad. Establecer límites horarios claros, alternando el juego con otras actividades (deporte, lectura, ocio presencial) y revisando cambios de conducta como señales tempranas de riesgo.
Es muy beneficioso promover un discurso de juego responsable, donde comportarse con respeto forme parte del propio juego y se desnormalicen insultos, humillaciones o retos peligrosos que circulan en algunas comunidades.
Hacia un modelo de supervisión activa.
Las herramientas de supervisión parental y la configuración de las cuentas se conciben como complementos a la supervisión humana, no como sustitutos, y se integran en un modelo de corresponsabilidad digital en el que quienes ejercen la patria potestad participan en las decisiones tecnológicas de la familia.
De este modo, el ocio digital puede mantenerse como un espacio de aprendizaje y socialización para la infancia, reduciendo de forma razonable los riesgos inherentes a entornos masivos y poco controlados como este tipo de videojuegos en línea.
Nuestros menores nos necesitan también en su espacio de juego, entender su mundo y sus juegos permite a los padres y madres anticiparse a los posibles riesgos y mejorar la convivencia digital.
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